Familias burguesas y rugbiers revolucionarios: la historia detrás de los jugadores desaparecidos durante la dictadura

Durante el último gobierno militar, sobre un total de 220 deportistas desaparecidos, 150 eran rugbiers. Hoy, el deporte de la pelota ovalada mantiene vivo su recuerdo, no sólo con homenajes sino a través de sus hijos que también lo practican. Su historia conmovió a los All Blacks.

-Mi padre, Rodolfo Jorge Axat, fue jugador de La Plata Rugby Club, y su padre fue socio fundador y jugador de ese club en el que yo también jugué – dice Julián Axat, con anteojos de abogado y un cuerpo que denota que a él tampoco el deporte de fricción le es ajeno.

Axat habla con Infobae y cuenta que uno de los poemas que escribió se llama «Los canarios románticos». La camiseta de La Plata Rugby es amarilla y en el mundo de la ovalada, ellos son los canarios.


Equipo menores de 19, LPRC 1965. PARADOS: “Tetera” Carriquiriborde, Carlos “Paloma” Castiglioni, “Turco” Abdelnur, “Yoyo” González Scafatti, Ricardo “Tite” Elicabe, Alberto “Naka” Perez Alzueta, Nicolás “Coco” Caro, Carlos “Pichi” Sarasqueta, Eduardo “Negro” Bustillo. AGACHADOS: Rodolfo “Fel” Axat, Jorge Vidal Loza, Alberto “Loco” Armisen, Pablo Martín, “Teddy” Maestri, Victor Kraiselburd.

-Es un partido que juegan los 18 desaparecidos que, cuando lo escribí, sabíamos que tenía el club. Después, con las investigaciones de los periodistas Gustavo Veiga y Claudio Gómez, se supo que el número de jugadores de La Plata Rugby llega a 20. En un solo club 20 desaparecidos… en total, hubo 150 jugadores desaparecidos en el rugby. Y según esas investigaciones, el total de deportistas desaparecidos es de 220. Se me ocurrió hacer un poema donde estos 20 jugaran contra un «equipo del Mal» – explica.

La proporción de rugbiers desaparecidos dentro del total de los deportistas que fueron víctimas del terrorismo de Estado quizás pueda sorprender. Para Axat, las raíces del compromiso político de muchos rugbiers en las décadas de los 60 y los 70 hay que buscarlas en otro jugador legendario:

-El origen quizá sea el propio Ernesto Guevara, que empezó jugando en Córdoba y luego pasó por Atalaya. Eso fue un emblema para muchos jóvenes.

Rememora, entonces, qué ocurrió con su padre.

-Mi viejo venía de una familia gorila y se peroniza peleándose con mi abuelo. Pero hay que hacer algunas consideraciones: cuando lo secuestran a mi padre ya no estaba jugando, incluso estaba de obrero en el frigorífico Swift. Distinto, por ejemplo, de Santiago «el Chueco» Sánchez Viamonte, que estaba en plena militancia pero nunca dejó de jugar.

En aquella generación de jugadores, todos decían que «el Chueco» era un crack, que podría haber sido Puma, pero su pasión por la militancia era tanta o mayor que por la ovalada. La hija del Chueco es jugadora: en La Plata Rugby hay mucho desarrollo del rugby femenino.

-El caso de Hernán Rocca, asesinado por la banda parapolicial CNU, es similar, nunca dejó de jugar –sigue Julián-. Otros compañeros de club de mi papá también se fueron radicalizando, sobre todo por la vida universitaria, pero a veces seguían las charlas en el tercer tiempo, o no, porque no siempre daba el club donde iban. Eso sí, después del tercer tiempo se iban al barrio o donde los llevara la militancia.

Otros tiempos, otra realidad

Hoy Julián piensa que la realidad es diferente en la mayoría de los clubes:

-La política en este deporte es no hacer política. Yo lo vi en La Plata Rugby, donde la dirigencia son jueces, empresarios, a veces gente de clase media sin muchos recursos, y se preservan de meter la política dentro del club. No tengo juicio de valor sobre si esto está bien o está mal. Lo que sí creo que es que hay una deuda con la memoria histórica de los 150 jugadores desaparecidos. Esa sí creo que es una discusión que debe darse al interior de los clubes y que puede generar una grieta en términos de memoria – opina.


Julián Axat: “Hay una deuda histórica con los 150 jugadores de rugby desaparecidos” (Radio Universidad)

Sin embargo, dice que hay excepciones y resalta las experiencias, puntuales, de involucramiento social del rugby, «que sin romper la forma hegemónica de reproducción social del deporte, muestran solidaridad y compromiso aislado». Subraya que «la experiencia del Club Virreyes que promueve la integración social de sus miembros; la historia del Aborigen Rugby club reflejada en la película La quimera de los héroes (2004); el compromiso del enorme Gastón Tuculet en los Institutos de menores de La Plata; la experiencia en la cárceles con Los Espartanos; el equipo de rugby de la Villa 31 de Retiro».


Rodolfo Jorge Axat, Eduardo Bustillo y Naca Perez Arzueta

Julián Axat es, además, poeta, y dirigió la colección de poesía «Los detectives salvajes». Muchos de sus poemas fueron traducidos al inglés, al francés y al italiano. Trabajó y trabaja en el Poder Judicial, durante muchos años fue un tenaz defensor en el fuero Penal Juvenil de la Provincia de Buenos Aires.



Julián Axat y Martín Bustillo, parados en el mismo lugar de la foto que se sacaron sus padres. La foto es de 1987 y la tomó el propio Eduardo Bustillo en homenaje a su amigo Rodolfo Axat .

-¿Cómo llegaste al rugby? – le pregunta Infobae.

-Mi incursión en el rugby empezó por reencontrarme con mi viejo. Cuando fui adolescente jugué con todos esos fantasmas. Llegaba al club y mis entrenadores eran ex compañeros de equipo de mi viejo. Eso era muy fuerte.

Tradiciones familiares

Ramiro Poce tiene 42 años, espaldas anchas y el pelo largo como su padre Ricardo. Ramiro jugó al rugby a partir de los 14. Algo similar a lo que habían hecho su tío Julio y su padre, ambos fueron jugadores del club Universitario de La Plata. Julio fue secuestrado por un grupo de Tareas en octubre de 1976. Ricardo corrió la misma suerte en diciembre de 1978.

Ramiro tenía un año. Su madre, Carmen, como pudo, se exilió y se llevó a ese único hijo con ella. Volvieron en 1983, cuando se instauraba la democracia en la Argentina. Al cabo de unos años, Ramiro empezaba el colegio secundario en Mar del Plata, el Arturo Illia, un colegio dependiente de la Universidad. Ricardo, su padre, había ido al Nacional de La Plata, también colegio universitario.

-Cuando tenía 14 años un compañero de clase me invitó a jugar a Unión del Sur y ahí empecé mi camino en el rugby – cuenta Ramiro.


Ricardo Poce y Ramiro

Durante toda la secundaria, ese club fue muy importante para él. En sus primeros años tenía la ilusión de que su padre apareciera, luego asumió la dura realidad del destino de los desaparecidos y en la secundaria se integró a la agrupación HIJOS.

Ramiro no fue solo al club, también se sumó a la ovalada su primo Jorge Areta, cuyo padre, Joaquín, también está desaparecido. No solo eso, el entusiasmo por ese juego en equipo, de la hermandad que genera, hizo que Ramiro invitara al club Unión del Sur a otro compañero del colegio, Camilo Cagni, que también tenía a su padre desaparecido.

Infobae le preguntó si ellos hablaban en el club sobre lo que había pasado con sus padres.

-Alguno podía saber, pero no era tema de conversación. El tema salió cuando jugábamos en M17 (menores de 17) –dice Ramiro-. El equipo estaba preparando un viaje para jugar al exterior y mi primo Jorge no tenía un papel que le permitiera salir del país.

Por temas burocráticos, es preciso que en Migraciones tenga una autorización firmada por ambos padres. La madre de Ramiro había hecho los trámites para que quedara asentado que Ricardo Poce era un detenido desaparecido. En cambio, la madre de Jorge no lo había hecho. El peso abrumador de la historia pesaba más en ella que las ganas de hacer esas gestiones.

El hecho es que, cuando se planteó el viaje, Jorge iba a quedar afuera.

-Hablamos con el entrenador, Horacio Shulze, a quien queríamos mucho. Le contamos que nuestros padres estaban desaparecidos y la falta de papeles de Jorge para el viaje. Entonces el entrenador juntó al equipo y dijo que, por cuestiones familiares, Jorge no podía viajar y que en cambio de ir al exterior el viaje sería a jugar una serie de partidos a Neuquén.


Ramiro y su hijo, emulando la vieja fotografía con su padre

A los pocos días, se acercó Carli, el capitán del equipo, a hablar con Ramiro y Jorge. «¿Tu papá está desaparecido?», preguntó Carli a Jorge. Ahí supo que los padres de ambos estaban en esa situación.

Muchísimos años después, Ramiro sigue en contacto con el grupo. Aquel entrenador posteó el dibujo hecho por el pilar derecho del equipo, Juanjo, artista plástico. «Lo que tiene de bueno el posteo son los comentarios que despertó por parte de los jugadores. Horacio Schulze fue muy importante para nosotros y ahí él dice que fue la división que más quiso».

Universitario de La Plata

Ramiro, terminada la etapa marplatense, se fue a vivir a La Plata, a estudiar Comunicación Social. Carrera que terminó y que le permitió trabajar en varios medios, entre ellos el actual, Radio Nacional. Casi como si algún espíritu lo llevara, fue la pareja de su madre en ese momento, a quien el rugby no le importaba nada, quien fue al club Universitario a averiguar los horarios de entrenamiento.

Con 19 años y unos cuantos jugando de centro y de wing, Ramiro llegó al club de su padre y su tío decidido a jugar más allá del peso de la historia personal.

-Cuando llegué, me recibió el entrenador, Santiago Tonelli. Le conté que venía de jugar en Unión del Sur y me preguntó mi nombre. Cuando le dije Ramiro Poce, la cara se le trasfiguró. «¿Sos algo de Ricardo?», me preguntó. Cuando le dije que sí, me dijo, al borde de las lágrimas: «Sos igual a tu viejo».


Julio Poce en el equipo de Universitario

También conoció a otro entrenador, Juan Aiub, que también había sido de la camada del padre. Juan es poeta y amigo del también poeta y ex jugador Julián Axat.

-Me saqué las ganas. Pisé el mismo pasto que mi viejo y mi tío, usé las mismas duchas, me pude poner la misma camiseta – cuenta.

Fueron un par de años donde la exigencia de un rugby competitivo y una cuenta pendiente le permitieron a Ramiro dialogar y tacklear muchos fantasmas.

-Aunque vivo en Capital, quedé vinculado al club. Participé de la elaboración de una placa conmemorativa a los jugadores del club desaparecidos. Una cosa extraña, o no, es que el quincho donde se puso esa placa se quemó. Lo importante es que se levantó otro y se volvió a colocar la placa- dice Ramiro.

Cuando cumplió 40 años, los festejó en el club, en ese quincho.

-¿Tenés hijos?

-Una nena de cinco y un varón de tres.

-¿Pensaste alguna vez en que tu hijo juegue al rugby?

-La verdad es que me gustaría que algún día vista la camiseta de Universitario de La Plata.

La memoria de un deporte

Axat hace mención a la historia que cuenta el periodista John Carlin en su libro El factor humano (2008), llevada posteriormente al cine por Clint Eastwood como Invictus (2009), que cuenta cómo en el Mundial de Rugby de 1995, cuando apenas llevaba unos meses como presidente, Nelson Mandela logró convencer a un país dividido de unir sus esfuerzos para animar a la selección de Sudáfrica de Rugby.

–Invictus –recuerda Axat- es un largo poema sobre la lucha (No importa cuán estrecho sea el camino/ cuán cargado de castigos el viaje/ soy el amo de mi destino/ soy el capitán de mi alma…)». Vale la aclaración: mientras estaba preso, en los momentos más difíciles, Mandela cuenta que se sabía de memoria ese poema escrito por William Ernest Henley a fines del siglo XIX.


Ricardo Poce en el equipo de Universitario de La Plata

Axat, finalmente, hace mención a un acontecimiento que sucedió hace muy poco, cuando el seleccionado de Nueva Zelanda, los temibles All Blacks, jugaron su último partido con Los Pumas.

Ellos le pidieron a la Unión Argentina de Rugby (UAR) una visita por la Ex ESMA. Creo que nos dieron una lección de memoria que nuestros dirigentes de clubes rugby ni la UAR aún no se animaron a dar.

Fuente: Infobae.com

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